Entradas

La felicidad solo es real cuando es compartida.

Recuerdo que la primera vez que leí o escuche esta frase, fue cuando vi la película "Into the Wild", hace cerca de 10 años, en aquel entonces creo que no fui capaz de comprender el significado y peor aun, tener las experiencias de vida que me hicieran pensar detenidamente y experimentarla en carne propia. La segunda vez que la escuche, fue cuando empezaba a tomar un curso de montañismo en México, un grupo de gente buscando por distintas razones lanzarse a la aventura, hacer ejercicio, conocer gente, hacer algo nuevo, aprender de senderismo, conquistar nuestras montañas y en algunos casos, conquistar cimas fuera de México. ¿Mi motivo? Siempre creí que era el hacer algo nuevo, la pasión por la montaña, el alcanzar una cima que no cualquiera alcanza; Años después lo pienso, y la realidad es que era una forma de escapar a lo que para mi era el estrés, el estrés interpersonal de pareja, de trabajo, de mi propio estrés y desmotivación. Han pasado algunos años desde ese tiempo

Desempolvando este cuchitril

Hace mucho que no me paraba por estos lados, se siente extraño regresar a un lugar que antes era bastante familiar y ahora luce totalmente desconocido. Supongo así se debe sentir cuando terminas una relación amorosa y luego vuelves a ella, sólo lo supongo por que no me ha pasado, para mi siempre ha sido definitivo. Creo que los 2 o 3 lectores que teníamos ya no vuelven por acá, es más los colaboradores que teníamos estoy seguro ni se acuerdan de este blog. Mucho ha cambiado desde que surgió y veo como hemos perdido lo que nos orilló a crear este espacio. Todo luce tan distinto, tan irreconocible que me entristece. Me hace preguntarme donde quedaron todas esas inquietudes, en que momento perdimos la chispa, en que momento el sistema nos absorbió y nos hizo así. Como cedimos a la monotonía, como aquellos momentos que anhelabamos lucen más bien grises..... PTM, quisiera seguir escribiendo pero sólo diré que odio en particular esta etapa.

Borrador. Cuento corto sin título.

“De alguna manera me siento como un extraño, me siento un inútil, una cucaracha”. Erase una vez un reino de cosas olvidadas, comida inservible y lugares recónditos. Ahí vivía penosamente un grupo de nobles cucarachas, estas se limitaban a salir de paseo solo cuando los demás habitantes dormían, así ellas no incomodaban con su presencia. También eran muy serviciales ayudando voluntariamente a la infraestructura del reino, construyendo viviendas y limpiando esas horribles manchas de Pinol o Cloralex. Trataban de mantenerse pulcras y presentables a pesar de su condición de cucaracha. Se conformaban con recibir las sobras que los demás seres económicamente activos les dejaban. Siempre perseguidas, siempre mal vistas, siempre escondidas de todos. Si.   Los regímenes de este reino se basaban mas en clases sociales que en las buenas o malas intenciones de los habitantes, por lo tanto, uno de los principales asuntos en la agenda de gobierno era la situación residencial de las

Aun no entiendo esa manía rara de complicarse la vida.

En estos tiempos, que muchos creen los últimos, salen a la luz mil frases de optimismo, de claves para ser feliz, Facebook retacado de “la frase del día”, platicas de café que finalizan con un consejo barato de internet, novios que expresan sus sentimientos de maneras demasiado pretenciosas y hollywodenses, tipos como yo haciendo el soundtrack de su vida en youtube.   ¿Para qué?, para hacer la vida más llevadera, para que la rutina no nos termine suicidando, para tener algo que platicar, si el jefe te regaña te quedas callado y lo posteas, si las cosas del amor van mal, siempre te sentirás como protagonista de alguna novela.   Nos hemos acostumbrado a ser parte de un estereotipo, claro, nosotros elegimos cual estereotipo (tampoco hay mucho de donde escoger). También aprendemos que la mayoría de los sueños (aun no me atrevo a decir que todos) terminan deformados y, aun así, nos auto-engañamos y nos atrevemos a decir que cumplimos nuestras metas, en casos más extremos llegamos a leer cos

Club de mentirosos. 3 de 3.

Solo quería largarme de la ciudad, aunque sea por una semana. El mejor pretexto fue inscribirme en el programa de brigadas para ayudar a comunidades marginadas. Servicio social. Entonces ahí iba, rumbo a Papantla, Veracruz. Atravesando la ceiba y contemplando inmensos platanales que me recordaban a algunos buenos capítulos de “A prueba de todo”. En serio la quería en mi vida, indeterminadamente. Jamás supe a ciencia cierta quien fallo o que fallo. Solo nos dejamos. Otra mala experiencia con el amor y esta vez no quise martirizarme, ni emborracharme, ni seguir el protocolo del dolido. Solo quise distraerme y alejarme de ella.  “Será mejor que empaques sleeping , casa de campaña y varias cosas más, porque allá dormiremos en medio de la selva o donde nos den alojo” me dijo el coordinador de la brigada un día antes de partir y juro que se me dibujo una sonrisota en la cara, me excitaba la nueva aventura. Mi decepción fue cuando llegamos al municipio de Papantla y nos r

Club de mentirosos. 2 de 3.

Se despierta Tlaxiaco. ¿Acaso una ciudad noctambula? Son casi las 9 de la mañana y empieza uno que otro estrepito de accesorias. Poca gente sobre las principales avenidas. Un lugar de clima bipolar. La neblina, al igual que los pobladores, apenas se levanta. Si esto fuera un viaje de placer, no habría mucho con que entretenerse. Tlaxiaco tiene algo que no acabo de entender, es un lugar que no termina de definirse y que no encuentra un punto de conciliación que no sea el de sus paisajes naturales. En su nombre lleva el título de ciudad, pero tiene toda la cara de pueblo.   Las veces que paso por la plaza principal, no falta quien me ofrezca muestras gratis de pulque. Este es mi quinto día y sospecho que, igual que los días anteriores, terminare tomando en algún lugar de por aquí. Es mi tercera y última brigada para liberar el servicio social. La tarea es sencilla: llevar a los pueblos un poco de información universitaria citadina y   “elevar en los pobladores ese espíritu de supera

Club de mentirosos. 1 de 3.

15 de diciembre de 2010. Sentado en la mesa de una fonda en una escondida reserva ecológica ubicada en los extremos del estado de México y pocos kilómetros del santuario de la mariposa monarca en Michoacán, estoy yo tomando café y escuchando a la indígena (dueña de la fonda) originaria de Patzcuaro, contándome la historia de su vida. Pensé que la vida no podía ser más monótona para alguien que no sea yo. En el último mes he tenido un reacomodamiento de personalidad, una bipolaridad oscilando cada 12 horas. Monotonía y euforia. Falta mucho para definirme como persona, es una ruleta girando demasiado rápido y no sé donde vaya a parar esto, si seré lo que la sociedad espera o seré el monstruo que excita y da miedo. Estaba yo en que pensaba que la vida no podía ser más monótona hasta que llegue aquí, por causas del servicio social de la universidad, para hacer el trazo de una tubería que debiera llevar agua de un manantial a una comunidad rezagada. Desde hace cinco días no he visto